La madre

«¡La madre está en el fundamento de nuestra felicidad! Si estás en buena conexión con tu madre brillas.» Bert Hellinger

«Si uno tiene bien integrada psíquicamente a su madre, irradiará alegría, la gente le amará, triunfará en su vida, brillará.» Bert Hellinger

Dar gracias a la madre, sentir respeto, y decir que la ama con sus defectos y cualidades, libre de críticas,  reclamos, expectativas, anhelos infantiles representa un largo camino hacia dentro de sí mismo y pasa por darse cuenta de todas las etapas por la que ha pasado la relación, desde una niña/o que la idealizaba y la ve como si  fuera perfecta, entonces también el hijo/a debe ser perfecto y se vuelve exigente, con ella , consigo mismo y con los demás, así todo lo vivido con ella lo va incorporando como un modelo para relacionarse con los otros.

Luego como un niño/a que se sentía abandonado, rechazado y no lo suficientemente querido/a entonces hace muchas cosas para ganarse su aprobación y afecto, se vuelve complaciente y se llena de promesas para estar siempre con mamá y algún día lograr ser amado como el niño sueña.

Después adolescente cree que sabe más que ella, entonces la crítica, juzga, la ve anticuada y la llena de reproches, peleas y regaños, le dice cómo deben hacerse las cosas,  actúa desafiante y con rebeldía, tiene conflictos con los profesores, y todas las personas que siente como autoridad. Ahora que es mamá/papá ve como en la relación con los hijos se repite, lo no sanado con la madre, y en la relación de pareja se revelan los reclamos, exigencias y demandas que el niño/a herido tiene para mamá. Y proyecta en las relaciones con los maestros, jefes, terapeutas, o quién le pone límites, la arrogancia e irrespeto que adolescente tuvo con ella.

Ahora desde el reconocimiento del orden, el amor puede fluir, el hijo/a siempre va a ser el pequeño,  no un niño/a, ante la mamá, independiente de sus condiciones es algo esencial que se entiende en la cabeza y  florece en el corazón cuando con humildad se suelta el juicio y creer tener la razón.

Un diagnóstico que nos permite ver en la vida cotidiana cómo se está avanzando en la sanación de la relación con la madre es ver:

¿Cómo es la relación con la pareja, de complacencia, competencia o construcción de un equilibrio entre el dar y el recibir?

¿Estoy disponible para una pareja?

¿Cómo fluye el dinero y es el que requiero para estar bien libre de deudas ( todo lo que siento que no puedo o es difícil pagar)?

¿La salud física, emocional, mental es satisfactoria?

¿Cómo son las relaciones con las figuras femeninas que le representa cualquier forma de autoridad, compite se iguala, no respeta su lugar?

Tomar la Madre con todo es un desafío que nos dura toda la vida porque aunque ya no esté viva, lo que introyectamos en la relación con ella es una historia desde antes de nacer y nos la representan todas las figuras femeninas o no con las que el inconsciente las relacione, así que no podemos decir nunca “eso ya lo trabajé” porque la vida se encarga de mostrarnos los pendientes que aún nos siguen faltando, también nos recuerda que mientras estemos vivos tenemos tiempo para crecer.

Margarita Herrera Rojas

 

Meditación: Cómo mirar a nuestra madre por Bert Hellinger

Pocos entre nosotros han mirado a su madre de cerca.

¿Quién puede decir que ha visto a su madre, realmente visto, así como es?

Haré con ustedes un ejercicio, cómo mirar a nuestra madre, cómo aprender a mirarla. Cierra los ojos.

Nuestra madre fue niña una vez, igual que nosotros. Tuvo padres, nacida en una familia determinada, con sus destinos particulares, que a ella la han afectado y formado. A veces, alguien murió demasiado pronto, tal vez la madre o el padre o un hermano. O quizá estuvo alguien muy enfermo y todos se han preocupado. De niña ella también se preocupó y quizás dijo: estoy dispuesta a hacerme cargo de esto para que a otro le vaya mejor. Ya de niña fue acarreada por un destino ajeno.

Así la miramos. Y de repente nos percatamos de lo siguiente: nuestras expectativas o nuestras pretensiones con respecto a ella ignoran por completo lo que su alma ha movido, lo que su alma ha tomado de ella a su servicio para otro propósito. ¡Qué extraño resulta entonces el exigir y desear interiormente, y decirlo también, que ella esté totalmente aquí para nosotros, que no piense en nada más que en nosotros! ¡Qué pobres somos pues en nuestra alma! ¡Qué alejados del amor y de la felicidad!

Lo primero que nos queda por hacer es mirar a nuestra madre cómo a una mujer corriente con una historia, con una larga historia por parte de su familia. Esta historia la ha hecho humana, es decir imperfecta y justamente esta imperfección la hace especialmente bonita y simpática.

El comienzo de la felicidad es poder ver a nuestra madre con su humanidad y quererla tal como es. Entonces prácticamente nada se opone más a la felicidad.

Esto es el comienzo de la felicidad que permanece.

La madre es la relación divina más grande para nosotros, no tiene la menor importancia como sea ella. Cómo madre es una revelación divina y nosotros nos quedamos frente a ella con devoción.

Y la vida detrás de la madre.

¿Cuál es su rostro?

Es el rostro de DIOS

El rostro de la vida detrás de nuestra madre es el rostro de Dios.

Ambas, la vida y la madre, son una grandeza inconmensurable.

Y nosotros como criaturas, en sintonía con nuestra madre y con la vida, nos hacemos grandes, con una grandeza indoblegable en el AMOR

En el amor grande.

Bert Hellinger

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